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Mostrando entradas de 2014

Los pequeños naufragios

(Artículo publicado en El Diario de Ávila el martes 23 de diciembre de 2014 dentro de la columna Club Diógenes)

Hasta hace muy poco tiempo tenía la costumbre de escribir un sentido poema y enmarcarlo dentro de una felicitación personal diseñada a tal efecto para que, antes de que llegaran estos días navideños, lo recibiera la gente que yo consideraba cercana. Aprendí este pequeño detalle que llevaba, sin embargo, un laborioso trabajo previo, de mi maestro Jacinto Herrero (cuánto se echa de menos su felicitación pulcra de versos medidos y sinceros). Poco a poco, en mi caso, se iban reduciendo los destinatarios: por circunstancias o desavenencias de la vida, en algunos casos, pero sobre todo por culpa de un general desinterés hacia toda labor intelectual, emotiva o personalizada que se ha visto agravado por una especie de divinización boba de la comunicación tecnológica: tan útil para unas cosas, tan superficial para otras. Me molestaba (y lo sigue haciendo) la falta de cortesía por par…

Blandir la espada

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(Artículo publicado en El Diario de Ávila el martes 25 de noviembre de 2014 dentro de la columna Club Diógenes)
Un mediodía caluroso del mes de Agosto de 2008 casi dos millones de espectadores contuvieron la respiración, apretaron con nerviosismo los dedos y abrieron como platos los ojos hasta que el madrileño José Luis Abajo, apodado como Pirri, consiguió tras gran esfuerzo la primera medalla olímpica de la esgrima española. Es posible que muchos de esos espectadores siguieran la proeza por el mero entretenimiento casi vespertino o por la sana deportividad patriótica que es inherente a unos juegos olímpicos. Y es igualmente razonable que muchos no volvieran a ocuparse de un deporte, como es la esgrima, que rezuma elegancia, espíritu olímpico, finura, táctica y caballerosidad (si es que hoy en día el feminismo lingüístico nos permite usar este sustantivo). Si allí se quedaron estos espectadores y no volvieron a interesarse por las competiciones de sable, espada o florete, no podremos …

No sorprende

(Artículo publicado en El Diario de Ávila el martes 27 de octubre de 2014 dentro de la columna Club Diógenes)
No, desde luego que no puede habernos sorprendido el caso de este muchacho ambicioso e impostor. Ya sabéis, apreciado don Pablos, de quién hablo pues es innecesario consignar en estos papeles una vez más su nombre. A la publicación de este texto será, tal vez, un asunto de agua pasada: como igual de desvaídos se nos antojan ya otros casos e historias de granujas. Qué poco dura la fama, como leve es la sombra de la soga en quien delito comete. Así somos de veloces en el reino. Es imposible, pues, dadas las circunstancias, mostrar el más mínimo y leve gesto de estupor, de vergüenza; cuán inútil mirarse el puño en un grandilocuente gesto de incomodo. Por supuesto que no. Hemos vivido tales hazañas en tantas ocasiones previas que resulta redundante y repetitivo cualquier sonrojo. Éramos muy jóvenes, lo sabemos, cuando don Pablos, vuestra merced, se pavoneaba gallardo por el paseo …

Todo lo que hay

(Artículo publicado en El Diario de Ávila el martes 17 de junio de 2014 dentro de la columna Club Diógenes)
Si tomáramos nota de manera esquemática de cada una de nuestras acciones cotidianas, el balance, una vez leído, se situaría entre lo descorazonador y lo irrelevante. Anotaríamos las pequeñas compras, los saludos habituales u ocasionales, la alternancia necesaria entre la rutina, el aburrimiento y la euforia. En fin, y como ya se sabe, la vida es el conjunto de todo aquello que reivindicamos dentro de la armonía, la búsqueda y la necesidad vital, por lo que, aunque denostado, el hastío resulta siempre más que beneficioso. Nos aburrimos para vivir mejor, para remedar esa situación y sacarle el jugo a esa novela no escrita ni conclusa que es la vida.
Existe, por ello, la tentación de falsear las apariencias: hay vidas irrelevantes, como las hay fastuosas, del mismo modo que existe gente que te muestra la parte por el todo, mostrando tan sólo lo bueno, para ocultar lo gris e innecesar…

El aburrimiento proclamado

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(Artículo publicado en El Diario de Ávila el martes 20 de mayo de 2014 dentro de la columna Club Diógenes)



Me introduje en Twitter como quien, entre avergonzado y curioso, se asoma al salón de una casa por una ventana entreabierta. Eché un vistazo rápido, observé las costumbres de los inquilinos y, como comprobé al instante que no había nada interesante que admirar o que robar, me fui sin mediar palabra. En el escaso tiempo que permanecí en la mencionada red me dio tiempo a leer unos pocos comentarios que divulgaban algunos de mis conocidos (los reproduzco aquí con cierto pudor, por si se dan por aludidos): “Jo, vaya frío que hace hoy”, decía una señorita. “Si el aburrimiento es una enfermedad yo estoy muy grave”, proclamaba otro. Esperé un tiempo a lo largo del día por si aparecía algo de mayor calado o que, al menos, me obligara a esbozar una mínima sonrisa. Se ve, sin embargo, que mi deformación literaria me hace siempre esperar grandes cosas de los lugares nimios, que estamos siemp…

Y llorar, y llorar

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Nos llegan noticias procedentes de la pequeña ciudad acerca de un congresillo (al estilo de la academia del Parnaso que parodiara Cervantes) en el que se han reunido una serie de trabajadores que, además, escriben. Alguno, según refieren las crónicas, lo ha dicho de tal manera, que, sin pulir, toma un cariz ciertamente salvaje: "bastante tenemos con nuestros trabajos como para poder centrarnos en la escritura". Atención al dato, como dicen los comentaristas deportivos. Respecto a la escritura, no hay nada malo en hacerlo: escribir es algo que recomendamos fervientemente a los alumnos, ya sea como manera de mejorar la comunicación, como preparación para el futuro y organización de la mente, como contrapunto necesario para la lectura o, simplemente, como entretenimiento placentero. Así que escribir puede hacerlo cualquiera, y resulta, por ello, tan sano como hacer sudokus. 

Ahora bien, exponerse en un congresillo provinciano para llorar y llorar (como en el viejo corrido) se co…

El día del libro y usted

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(Este artículo fue publicado en El Diario de Ávila en la sección Club Diógenes el 22 de abril de 2014)


Cuando lea usted estas líneas, estaremos a punto de iniciar una nueva conmemoración del Día del Libro: puede que se hable de Cervantes, de Shakespeare, de García Márquez o que aparezcan en la televisión algunos rostros más o menos conocidos firmando alguno de sus libros.Cabe la posibilidad de que usted no se acuerde de todo ello. Y es posible que usted no lea este artículo, pues habitualmente se salta cualquier referencia que lleve la marca cultura, quizá porque nadie se ha preocupado de explicarle que debería ser uno de los pilares de esa llamada marca España. Puede que ni siquiera llegue a la ubicación exacta de este artículo porque sólo se publica en papel y a usted alguien le ha convencido de que todo lo que no venga en una pantalla es tan antiguo y tan atávico como pedirse a media tarde un cóctel old fashioned.
Pero cabe la posibilidad de que usted sea ese buen ciudadano que toda…

Andrés Trapiello

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(Este artículo fue publicado en El Diario de Ávila en la sección Club Diógenes el 25 de marzo de 2014)


Paseaba AT por una de las calles de Ávila. Cuando esto ocurre, es decir, cuando se  camina al lado de uno de su estirpe (digámoslo así), las cosas ya no son las mismas ni las piernas son más relevantes que los ojos. De este modo, el paseo por las calles de siempre, con el amigo habitual, con el conocido o con la familia no se asemeja ni de lejos al que se realiza con el escritor del apunte irónico y la memoria trabajada. Se camina con él como se haría al lado de Azorín o de Baroja, para quienes la realidad circundante es casi piedra que deba desbrozarse para allanar la letra. Así pues, sabiendo cómo es nuestro AT, éramos conscientes de que cualquier detalle podría quedar anotado en uno de sus diarios (y publicarse años después con su habitual demora). Apareció, en efecto, tal visita en el diario correspondiente, con un leve y divertido apunte en el que ironizaba acerca de algún person…

La ciudad...y los buitres

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(Este artículo fue publicado en El Diario de Ávila en la sección Club Diógenes el 24 de febrero de 2014)
Al margen de una dispersa serie de artefactos escultóricos (algunos menos feos que otros), no tienen las calles de esta ciudad una buena muestra de ingenio independiente. La mayor parte de las pintadas no son más que sucedáneos ínfimos de gamberrismo nocturno, aunque en este aspecto no se apartan mucho del destructivismo oficial que han perpetrado en algunas zonas y al alimón los políticos, los constructores y los arquitectos. ¿Por qué será que esta combinación es siempre tóxica ya sea en la vida real como en las series? Quizá todo se basa en la constatación de la derrota creativa que cae a partes iguales en las filas de lo oficial y en las de la pasividad ciudadana.  Tal vez, por ello,  Ávila es uno de esos lugares destacados en ese archivo de la destrucción, una impagable memoria online de la burbuja y la inutilidad titulada Nación Rotonda. Esta web, ideada de manera admirable, en…

Inútiles certezas

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(Este artículo fue publicado en El Diario de Ávila en la sección Club Diógenes el 28 de enero de 2014)
Hace ya muchos años, cuando el concepto de almacenamiento en nube era inimaginable, y las conexiones domésticas para internet dependían de un módem interno en el ordenador, compré, como si de algo maravilloso y revolucionario se tratara, una preciosa disquetera a juego con mi Mac con la que podría almacenar en cada diskette/disquete (¿se escribirá así, dado que este neologismo está en desuso?) hasta 128 megas de información. No existían tampoco las memorias usb y las grabadoras de CDs eran algo todavía costoso. Recuerdo la satisfacción de almacenar en cada disco decenas de documentos, unas cuantas fotos, un par de canciones, con la inocente ilusión de que todo aquello (en esa temprana era tecnológica) nos sobreviviría y salvaría de un apuro. Muchos años después, me he resistido a retirar ese caduco y bello artilugio, como el que conserva una inservible moneda por mera afición a la arq…

Para vestir santos

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De aquella novela crítica y filosófica de Azorín titulada La voluntad recuerda uno siempre el final: la tragedia silenciosa de ese impetuoso y domesticado Antonio Azorín que culmina su madurez arreglando en su pueblo los estandartes de la procesión. De ese otro impetuoso llamado C.A. que llegó a nuestro pueblo hace unos años se recordará, no obstante, la cantidad de tejemanejes, puntadas con o sin hilo y toda una colección de labores características de un subalterno que aspira a clavarle el estoque al primero que se tercie.

Me lo advirtió bien, hace ya mucho, un fino poeta madrileño: "menudo regalito que os lleváis para Ávila". Lo dijo sonriendo, como quien se desprende de un pesado fardo. Venía el periodista, por tanto, con fama de estoqueador altanero. Y aquí bregó con la política, con la Iglesia y con los medios. Y una vez que recogió los triunfos se llevó sus glorias hacia otra parte, dejando al poeta local cabizbajo y sin resuello.

Nos enteramos ahora de su elección pa…

El bosque es tendencia

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Puede ser una tendencia literaria (existe este concepto y es una de las características del quehacer editorial) o tal vez una simple casualidad: recientemente he leído tres novelas que comparten una huida interesada de la ciudad como espacio narrativo. Si bien en cada una de ellas las motivaciones son distintas. me resisto a creer en la casualidad en tiempos globalizados, donde las indicaciones, recomendaciones o ruegos de los editores pesan en exceso a la hora de colocar un producto. No me gustó mucho, pese a su éxito, Intemperie, la ópera prima de Jesús Carrasco, que me pareció un remedo a la española de Cormac Mc Carthy. Hace poco, y por el blog a blog, cayó en mis manos una novela de Lara Moreno, Por si se va la luz, que venía avalada por una editorial de prestigio, Lumen. No superó mis expectativas: difícilmente resulta creíble esa ruralización espontánea de unos pijos de ciudad.
Caso distinto es el de la novedad que nos presenta Sextopiso, una editorial que está últimamente ace…

La estética

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Aunque son dos palabras fonéticamente parecidas (ambas esdrújulas y de altos vuelos), nunca hemos creído que la estética lleve a la ética (o viceversa) aunque una dosis alta de cada una adereza mejor la vida, como los guisos. Así que la estética puede guiarte a la larga hacia la ética, de lo cual no hay duda. Yo no sé si estos tipos tienen ese gesto por haber llevado una vida dura: seguramente han llevado la vida que eligieron. Lo que tengo muy claro es que si a estos personajes los ilustras con un concierto para piano de Rachmaninov, un breve poema de Juan Ramón o un cuadro de Cezanne, seguirán impertérritos y con el labio fruncido. Lo cual, de alguna manera, confirma lo que dijimos: donde no hay ética, poco puede hacer la estética. Donde no hubo estética, los dedos seguirán oliendo a pólvora.

Burbujas de papel

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(Este artículo fue publicado en El Diario de Ávila en la sección Club Diógenes el 3 de diciembre de 2013)
Las pompas de jabón sobre las que ironizaba Antonio Machado o aquellas burbujas  más dolorosas pero igual de transparentes y sutiles que poblaban las meditaciones y bodegones de nuestros pensadores barrocos son la metáfora perfecta, como decían estos clásicos, de la Vanitas, del orgullo. Así, no resulta extraño que desde lo puramente literario y reflexivo haya pasado esta simbología a la conversación cotidiana e intrascendente: la charla de café, la tertulia televisiva o el somero artículo periodístico. Por delante de nuestros ojos han desfilado las burbujas inmobiliarias, automovilísticas, energéticas, la burbuja del gimnasio, la de la caridad interesada, la burbuja política (verdaderas y pringosas pompas) y otras menos agradables.

Se ha celebrado el pasado viernes el Día de las Librerías, una festividad verdaderamente necesaria para estos momentos de descrédito del análisis profu…

El año en Kilómetros

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(Este artículo fue publicado en El Diario de Ávila en la sección Club Diógenes el 31 de diciembre de 2013)
Las listas, los presagios, las clasificaciones, los deseos y los pronósticos son palabras manidas en este último día del año. Recapitulamos lo vivido, recordamos a las celebridades que nos han abandonado, analizamos los mejores libros, los eventos o las anécdotas y se retoman, a su vez, esas viejas aspiraciones con las que empezar el nuevo año y que parecen hacernos nuevos y más limpios. La mayor parte de estos comentarios que inundarán hoy las redes sociales y los periódicos no son más que un sentimentalismo pobretón para quienes, en el fondo, saben que a partir de mañana, 1 de enero, harán lo mismo que la semana pasada. Somos así de previsibles y también así de ingenuos.
A mí me gustaría recordar este año en kilómetros. Los de aquellos valientes que con los primeros fríos de la mañana recorren la ciudad con el único objetivo de sentirse bien y realizar una marca mejor que la sem…