miércoles, 1 de enero de 2014

El año en Kilómetros



(Este artículo fue publicado en El Diario de Ávila en la sección Club Diógenes el 31 de diciembre de 2013)

Las listas, los presagios, las clasificaciones, los deseos y los pronósticos son palabras manidas en este último día del año. Recapitulamos lo vivido, recordamos a las celebridades que nos han abandonado, analizamos los mejores libros, los eventos o las anécdotas y se retoman, a su vez, esas viejas aspiraciones con las que empezar el nuevo año y que parecen hacernos nuevos y más limpios. La mayor parte de estos comentarios que inundarán hoy las redes sociales y los periódicos no son más que un sentimentalismo pobretón para quienes, en el fondo, saben que a partir de mañana, 1 de enero, harán lo mismo que la semana pasada. Somos así de previsibles y también así de ingenuos.

A mí me gustaría recordar este año en kilómetros. Los de aquellos valientes que con los primeros fríos de la mañana recorren la ciudad con el único objetivo de sentirse bien y realizar una marca mejor que la semana anterior. Los que desbordarán hoy las previsiones de la San Silvestre vallecana u otras carreras populares. Los kilómetros (pocos o muchos) de quienes en las frías noches abulenses se enfundan una malla fluorescente y corren alrededor de la muralla. Los solitarios, con la mirada perdida, o los que necesitan la compañía de unos amigos para escuchar el percutir rítmico y común de las zapatillas en el asfalto. Quienes no se sienten bien y, sin embargo, tirarán kilómetros y a su regreso se encontrarán mucho mejor. Los que corren por prescripción médica, por esos kilos de más, o los que quieren mantener su perfecto cuerpo atlético. Los corredores que necesitan la grata y estimulante compañía de la música y aquellos, solitarios y casi místicos, para quienes cada kilómetro es ahondar en su silencio. Corredores de la mañana, de la tarde, de la noche. Los invisibles, los tímidos o los retraídos o los que proclaman en facebook su mejor marca. Los maratonianos de toda la vida o los novatos que se apuntan a esta moda. Quienes tienen hecha su ruta fija y la novedad implica en recorrer esos kilómetros de manera más rápida. Los aventureros que corren cada día por nuevas zonas y ven su ciudad de otra manera. Los que acabarán el año corriendo y los que mañana, cuando otros, derrotados y exhaustos, vuelvan de la fiesta, comiencen 2014 con las zapatillas puestas.

Todos estos corredores, como aquellos que gozan de otros tantos deportes no profesionales o minoritarios, son los verdaderos héroes de 2013. Murakami (ese escritor al que amamos u odiamos en función de cada una de sus novelas) explicaba esa necesidad de correr: “Me digan lo que me digan, está en mi naturaleza. Como en la del escorpión picar o en la de las cigarras agarrarse a los árboles”. Por eso, y a pesar de que no es lo más importante del año y, aún sabiendo que son metas personales y de escasa relevancia pública, más de uno pensará esta noche al traspasar el año en todos los kilómetros recorridos o en los que quedan por recorrer. Feliz 2014.



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