martes, 24 de octubre de 2017

Aulas peligrosas para algunos.

(Artículo publicado en El Diario de Ávila el martes 24 de octubre de 2017 dentro de la columna Club Diógenes)


Los trepidantes episodios de esta crisis secesionista catalana que aún padecemos, conllevan, además, una inquietante parafernalia que provoca un anormal desarrollo de las clases o las actividades académicas en diversos centros de enseñanza. Siempre he creído que estos lugares deben ser células sacrosantas en el respeto, la moderación y el rigor.  Pero desde hace tiempo algo no viene funcionando ni aquí ni allá. Recientemente, por poner otro ejemplo, un seminario de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, fue interrumpido porque a determinados alumnos no les hacía gracia las opiniones de determinado profesor.  Hay, por tanto, un peligroso fascismo e integrismo metido en las universidades en forma de sindicatos o asociaciones de estudiantes. Se permiten imponer a golpe de manifestaciones, escraches y boicots lo que ellos (porque se han arrogado ese privilegio) consideran que debe ser una universidad.

El boicot es imprevisible: desde el temario de tal asignatura, la inauguración de una exposición, la celebración de unas jornadas de tal o cual tema, la presencia de tal o cual conferenciante (un día es contra un político, al otro un escritor). Actúan contra la ideología de un profesor por muy especialista que sea este en su materia. Van así imponiendo su terror. Actúan bajo el amparo anónimo de las redes sociales y la indiferencia de una masa universitaria que ni está ni se la espera para nada pero esperan que sus padres paguen matrículas y, si hace falta, los platos rotos.


Recientemente, a golpe de mensajes de twitter y otras redes sociales, se quiso boicotear una nueva iniciativa de la Universidad de Salamanca. En efecto, comprendo que pueda gustar o no la existencia de una Cátedra de Tauromaquia en esa universidad centenaria. Una cátedra donde se debate (como no debe ser de otra manera) las cuestiones sociológicas, biológicas, culturales o económicas que se derivan de una actividad como los toros, que genera un PIB alucinante. A las actividades derivadas de esa cátedra no se obliga a ir a nadie, ni se reparten créditos ineludibles (cosa que no ocurre en otras universidades privadas, de cuyo nombre no quiero acordarme). Puede, del mismo modo, cuestionarse que una Universidad dedique tiempo o espacio a tal cuestión (veo al mismo tiempo, cátedras, seminarios publicaciones y talleres en universidades sobre asuntos tan nimios como la "contribución del espárrago a la economía aragonesa", a los que se destinan fondos no escasos). Todo, por supuesto, puede valorarse y es opinable. Pero cuando una Universidad tiene que suspender un acto oficial o una conferencia por "razones de seguridad”…  Amigos, ahí es cuando tenemos un problema grave. Integrismo millenial en la Universidad 2.0. El boicot o escrache al que nos referimos propició finalmente que el Rector de Salamanca suspendiera el acto. ¿Hizo bien? Resulta curioso que este hecho sucediera en el mismo lugar donde, muchos años atrás, casi tumban al pobre rector Unamuno (un inteligente antitaurino, de los de antes), por no hablar del proceso a fray Luis, otro ilustre de la misma casa. Paradojas de la historia y de los extremismos. Y así estamos. Otra vez.



David Ferrer