martes, 22 de octubre de 2019

Planeta Ávila

(Artículo publicado en la sección Club Diógenes de El Diario de Ávila el martes 22 de octubre de 2019)


Mientras la ciudad, al menos en parte, o en su simbolismo, que es a veces tanto o más peligroso que la realidad, se iluminaba con las llamas; mientras el resto del país, que aún es el suyo, contemplaba con hastío y estupor ese espectáculo pirotécnico, una minúscula parte de la sociedad catalana, junto a invitados, asistían el martes, festividad de Santa Teresa, según manda la tradición, a la entrega del Premio Planeta. Hay dos planetas en Barcelona, según pareció sentirse en la habitual cena. Los de la barricada son aquellos bisnietos de la bohemia burguesa decimonónica que tanto en Barcelona, como en París o Viena, se mofaban de una cultura oficial y pretendían hacer de las calles un escritorio imaginario donde nada quedara escrito. Muchos de los que estos días se lanzan a la calle, bien en las manifestaciones oficiales, bien en las revueltas de los contenedores y la basura esparcida, detestan esa cultura literaria de la que Barcelona ha sido santo y seña. Para la persona de letras, para el lector, el estudioso, la Barcelona de la agente Carmen Balcells, de los Marsé, los Barral o Gil de Biedma, queda ya un tanto lejana. Cada piedra lanzada, cada bolsa de basura que arde en los contenedores es un kilómetro de separación de aquella ciudad letrada de la que tanto leímos y aprendimos. Cada uno elige su tufo, su basura. Es nuestra seña de identidad. Cada uno se define por la capacidad y el reciclado de sus contenedores vecinales. El mantenimiento cerrado y estanco de las bolsas y sus lugares de recogida es un avance de la civilización y del progreso. Su esparcimiento, su quema y destrozo público no deja de ser una provocación repetida ya en la historia por lo que es, en conclusión, una acción nada valiente sino retrógrada. Uno se pregunta qué sabrá ese encapuchado de la historia y el bagaje literario de Barcelona. Qué tristes suenan los versos de Gil de Biedma en estos días otoñales: “este despedazado anfiteatro / de las nostalgias de una burguesía”.

Los premios literarios también fueron un contenedor quemado. Algo saben de ello los jerarcas actuales del grupo Planeta. Con su sede social fuera ya de Cataluña, su enjambre de editoriales dedicadas en gran medida al negocio de la literatura en castellano, sabían que ahora y en ese contexto el contenedor había de limpiarse. Fuera de la gala sonaban las sirenas y el golpear de los cascotes. En la literatura actual, las ventas de libros andan sobreviviendo en una guerra insólita. Autores extraliterarios y poetas advenedizos. Y un premio en clarísimo declive. Pero allí, mientras afuera otro contenedor ardía, emergieron las figuras de Javier Cercas y Manuel Vilas como triunfantes ganadores de una literatura ajena a las dependencias políticas, a los nacionalismos baratos y a la basura literaria. Sí, este año, parece, que al fin es el Planeta de la literatura.


Una modesta propuesta para celebrar estos cambios. Ya que se han lanzado por este camino, tal vez no estaría mal cambiar de ubicación la cena de entrega de los Premios Planeta. Al fin y al cabo, y como Lara quería, se celebra en homenaje a Santa Teresa. Traigan esos premios a Ávila, donde al menos, se lo garantizamos, no arderán los contenedores. Aquí somos muy limpios. Y la ciudad necesita un empuje literario. Tome nota, señor Concejal de Turismo.

David Ferrer



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