Felices

(Artículo publicado en la sección Club Diógenes de El Diario de Ávila el martes 17 de diciembre de 2019)


Cuando Scrooge despertó de buena mañana el día de Navidad, se lanzó a un desaforado e intenso atracón de felicitaciones. Por aquí y por allá. Felicitaciones dirigidas al conocido y al extraño. Al antipático y al dócil. Al humilde y al rencoroso. Daba igual. Cualquiera puede sufrir una transformación al estilo del viejo y avaro Scrooge de Dickens. Por ello, no quisiera ser menos y desear una feliz Navidad a cuantos me pasen por la mente en estos días previos o a quienes quepan en el estricto espacio del que dispongo en esta columna habitual. Así, mi más sincera feliz Navidad a todo el personal de El Diario de Ávila y a quienes colocan en su lugar justo estas absurdas letras que envío cada cierto tiempo; a Pedro Sánchez, no podría ser menos, mi felicitación por llevarnos en un barco sin rumbo al borde de un acantilado. Disfrute del turrón en La Moncloa, no se atragante; a los barbados del Congreso, felicitaciones por creerse que cuanto más hirsutos, más bellos; háganse partícipes también los hipsters, los millenials, los neomodernos, los neoconservadores, los del perro a todas partes. Feliciten igualmente al canino y a la abuela, que le teje esos jerseys gordos.y bufandas de dos metros; a Albert Rivera, disfruta del descanso, ahora que nos has dejado en este valle de lágrimas de la política; y a Inés, para que en el nuevo año todo sea venturoso y en buen cauce;  mis más sinceras felicitaciones a mis alumnos, los jóvenes y los mayores, los del Aranguren y los de la Fundación Ávila: para que se tomen estos días con la relajación que se merecen; a todos los profesores, por lo mismo, falta nos hace; mis mejores deseos a la Consejera de Educación, para que no caiga en el conformismo; al Alcalde de Ávila, para que se fije en las aceras, los baches, las malezas, la suciedad y tantos locales vacíos, tantos que parece la ciudad el escenario de una guerra; feliz Navidad a Rafa Nadal, que hace feliz a muchos; a los escritores que más me han gustado este año, a Marina Perezagua, por ejemplo; a Murakami, por no llevarse el Nobel, que ya es lo de menos; a los escritores de siempre, a los que no olvido (ánimo, Fernando Savater); a los que emprenden nuevas editoriales, sabiendo que el fracaso está ahí al lado, y por eso es excitante, así como a los que empiezan un deporte nuevo, un negocio, una aventura; a quien se enamora y se desenamora, feliz Navidad: los primeros por celebrar cosas nuevas, los segundos por la necesidad implacable de buscar alternativas; feliz Navidad a Pablo Aguado, Paco Ureña y a Antonio Ferrera, maestro, por hacernos soñar con el levísimo vuelo  de un capote; prósperos días y mejor año a los músicos, los profesionales, los clásicos, los innovadores, los del conservatorio o los alternativos: no sabríamos vivir sin ellos; a Loquillo, otro maestro, que nos ha regalado su mejor disco en tantos años; y al Niño de Elche, por lo inclasificable; y a los del trap, a ver si con el nuevo año les da por leer algo; a los jueces, para que se lo miren dos veces; a los ujieres del Congreso y del Senado por tener que aguantar y servir con eficacia cada día a esa panda de inútiles. Besos, abrazos, a todos y a todas. Esto ya es un empacho, así que acabo. Y a ti, querido lector, mi semejante. Porque somos parecidos y distintos. Feliz Navidad. 

David Ferrer

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