Desconsumir

(Artículo publicado en la Sección Club Diógenes de El Diario de Ávila el 22 de septiembre de 2020)

“Lo que tengas por casa. Si combina, bien y si no, te aguantas, que con la mascarilla no te conoce nadie”.  La pasarela de la moda callejera de este verano que, por suerte, ya se acaba, ha sido un ir y venir del desgarbo y el desaliño. Si de por sí el verano es un cúmulo de despropósitos en el atuendo, en este las rebajas se han consolidado en cada casa bajo el nuevo eslogan del “tú ve tirando con aquello”. Pareciera como si el hecho de salir a las calles se hubiera patrocinado con una campaña del ministro del Desconsumo, Alberto Garzón, de manera que la estrategia consista en desvestir a un santo antiguo, quien sabe si a un muerto, y sacar provecho de los ropajes del pasado. Ponte eso del abuelo, que tampoco te queda mal. El niño va bien con los pantalones justos del verano pasado y más que polos, nos andamos poniendo nikis. Anda nuestro Gobierno muy preocupado por las cosas de 1975 porque las de ahora le vienen quizá algo grandes. Los socios mayoritarios de gobernanza son una célula vintage, que sería divertida si no fuera evidente lo que representan. El vicepresidente saca camisas de cuadros y el invierno vendrá marcado por la pelotilla del jersey. La oposición anda desmadejada con ese tufillo de naftalina de la chaqueta del tío. Y como el vestir es lo primero por lo que se nos reconoce, se le ha dado a todo una vuelta de tuerca y se han fomentado las cooperativas del intercambio, el vintage y el reciclaje. España es un país Wallapop. El paisanaje local veraniego se ha llenado de pantalones piratas ochenteros, camisetas del Mundial 82 y gorras de tratante de ganados, fruto del desembalaje de semanas de confinamiento. Por contra, los comercios se han merendado toda una temporada de primavera y verano y veremos si hacen algo con la venidera, si es que aguantan sin bajar la persiana por este fatídico revival. En todo hemos ido tirando, en los viajes, en tomarse una caña a hurtadillas, por si al vecino le parecía mal y te acusaba de negacionista, o en andar de compras, no vayan a pensar que lo estás pasando bien. Al ministro del Desconsumo, que comparece pocas veces pero con unas chaquetas algo prietas, como si se las hubiera comprado a oscuras, o en Aliexpress y le diera vergüenza devolverlas, quizá le parezca bien esto de desandar lo andado y de volver a lo de siempre. Al fin y al cabo, andará pensando, vivíamos muy bien, viajábamos mucho y dejábamos en cada kilómetro un reguero de gasolina y diesel. Nos hemos convertido en un rastro, una almoneda perpetua, un mercadillo de pares sueltos que serían mejor descritos por Quevedo o por Vélez de Guevara. Las pantorrillas se han mostrado blancas con sus músculos flácidos pues poca gente se atrevió a meterse en un gimnasio. Correr es un ejercicio de riesgo, por miedo a que te insulten por no llevar la mascarilla, y hemos pasado de fijarnos en los complementos de moda a seleccionar quince o veinte tapabocas. Se comprende que con un paro desbocado, con una deuda pública en punta y unos ertes que llegan tarde, haya muchas personas a las que no les apetezca renovar la casa o el vestuario. Mientras, se ha extendido una sensación de derrota, de vuelta atrás, de anclaje en el pasado. Tira con lo que tengas y no gastes. Nos espera un invierno con la gabardina del abuelo y un triste olor a berza. 


David Ferrer

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